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La producción arquitectónica actual en São Paulo es tan diversa como cabría esperar de una de las ciudades más pobladas del mundo. Dado que la arquitectura involucra también el resultado del desorden urbano y el crecimiento poblacional —edificaciones que surgen de la necesidad de las personas que, con escasos recursos, construyen por sí mismas sus casas—, la discusión se concentra con frecuencia en aquella producción cuya génesis se encuentra en el esfuerzo de diseño.
Dicho esto, es posible identificar en São Paulo, tal vez más que en cualquier otro lugar de Brasil, una práctica arquitectónica singular, pautada por algunas ideas que surgieron hace décadas y cuyo debate suele traer a colación nombres bien conocidos. Con João Vilanova Artigas como figura más prominente, la arquitectura paulista —y sobre todo paulistana— de la segunda mitad del siglo pasado echó raíces profundas que nutren e informan la producción contemporánea.
La influencia que trasciende décadas y se adentra en el siglo XXI es fácilmente identificable, por ejemplo, en el programa doméstico. Las casas de hoy —como vemos en la producción de prestigiosas oficinas como SPBR, MMBB, GrupoSP y Brasil Arquitetura, por mencionar solo algunas— presentan congruencias con la producción de la década de 1960, un aspecto que se nota especialmente en un elemento clave: el patio, jardín interno o vacío central.

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