
El urbanismo táctico, una práctica que ha cobrado fuerza en los últimos años, ha demostrado ser una estrategia atractiva para colectivos activistas, arquitectos/as, urbanistas y diseñadores/as de todo el mundo al proponer, a bajo costo y a microescala, intervenciones urbanas puntuales con el fin de promover el derecho a la ciudad. Esta manera de concebir los espacios públicos en la ciudad busca operar bajo una lógica no jerárquica, en la que la sociedad civil (en colaboración o no con el Estado y/o empresas privadas) propone alternativas al proceso de diseño tradicional en el ámbito urbano.
Este modelo de intervención en el espacio urbano surge ante la decadencia del modelo de planificación urbana estatal, buscando respuestas rápidas a problemas relacionados con el espacio público que, de otro modo, exigirían un proceso largo y burocrático por parte del Estado. Esta estrategia nace también de la insatisfacción con el modelo vertical ("de arriba hacia abajo"), en el cual los proyectos urbanos son diseñados por especialistas y la población suele ser consultada únicamente al final del proceso, cuando la mayoría de las decisiones ya han sido tomadas.
Quienes se dedican profesionalmente a la práctica del urbanismo táctico afirman que este modo de intervenir consiste en acciones puntuales de pequeña escala que buscan generar un cambio de comportamiento y de cultura a largo plazo.






