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Según el informe de 2016 del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABITAT), existen 881 millones de personas viviendo en favelas en las ciudades de los países en desarrollo, y se estima que para el año 2025 es probable que otros 1.600 millones de personas necesiten una vivienda adecuada y asequible. Ante este panorama, mucho se ha debatido sobre la Vivienda de Interés Social (VIS) y sobre cómo los proyectos desarrollados en este ámbito pueden constituir una solución para el déficit habitacional. Pero ¿qué significa realmente este término?
La Vivienda de Interés Social, en términos generales, es aquella destinada a la población de bajos ingresos que no tiene acceso a una vivienda formal ni los recursos para contratar los servicios de profesionales de la construcción. Según ONU-HABITAT, una vivienda asequible es aquella adecuada en calidad y ubicación, cuyo costo no impide a sus habitantes cubrir otras necesidades básicas de vida ni amenaza el goce de sus derechos humanos fundamentales.
Cuando se habla de Vivienda de Interés Social, entra en juego una serie de intereses e involucrados. Desde esta perspectiva, los protagonistas son —o deberían ser— las y los futuros habitantes; no solo como personas individuales que necesitan un techo donde vivir, sino también como parte de una sociedad en la que la red de relaciones establecida con el barrio y con la ciudad adquiere una gran relevancia en el proyecto.

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