
La especulación inmobiliaria es definitivamente la mayor villana señalada por quienes hoy estudian, habitan o simplemente se interesan por las ciudades. Se le atribuye la culpa de prácticamente todos los problemas urbanos: si la ciudad es muy densa, si es poco densa, si tiene mucho tránsito, si es muy cara, si la política municipal es corrupta, si las personas de bajos recursos son excluidas a las periferias, si las empresas lucran con inversiones públicas, si la infraestructura pública está ociosa, si el patrimonio histórico es destruido, si los edificios transforman el aspecto de la ciudad, si se incendian las favelas. La lista es interminable.
Ítalo Calvino, al describir la actividad de forma satírica en su libro "La especulación inmobiliaria", retrató al personaje del especulador, el Sr. Caisotti, como un tipo astuto, sin educación y sin escrúpulos, dispuesto a transformar las históricas ciudades italianas en infernales selvas de concreto de carácter comercial. Sin embargo, es muy raro encontrar a un interlocutor o interlocutora —incluso al propio Ítalo Calvino— que sepa explicar exactamente qué significa la especulación inmobiliaria, a pesar de señalarla como la causa de un problema determinado. Así nace el chivo expiatorio perfecto: un término poco comprendido, ampliamente aceptado como argumento válido y que define con poco esfuerzo el origen de problemas urbanos complejos.



