
El 12 de agosto de 1833 se fundó el asentamiento de Chicago, con una población de apenas 200 habitantes. Para 1837, cuando el estado de Illinois aún contaba con solo 19 municipios, Chicago se incorporó oficialmente como ciudad. En 1871, el Gran Incendio de Chicago se cobró la vida de 300 personas, destruyó 9 kilómetros cuadrados de territorio y dejó a más de 100,000 personas sin hogar. En aquel entonces, la ciudad ya era una de las de mayor crecimiento en el mundo, con una población que superaba los 300,000 habitantes. Afortunadamente, aquella catástrofe no desanimó a la urbe; por el contrario, sus decididos habitantes comenzaron rápidamente la reconstrucción, devolviéndole a Chicago su antiguo esplendor.
Impulsada por una determinación inquebrantable, la ciudad resurgió de sus cenizas en un periodo que vio nacer numerosas obras de la arquitectura clásica. Rascacielos pioneros como el Rookery Building (1888, Frank Lloyd Wright), el Auditorium Building (1889, Louis Sullivan) y el Monadnock Building (1893, Burnham & Root, Holabird & Roche) atestiguaron la reconstrucción y el vertiginoso desarrollo de la urbe.


















































