La práctica ética abarca todas las partes de la arquitectura. Desde la interseccionalidad y el trabajo hasta la crisis climática, un diseñador debe trabajar con una variedad de condiciones y contextos que informan el entorno construido y el proceso de su creación. En todas las culturas, políticas y climas, la arquitectura es tanto funcional y estética como política, social, económica y ecológica. Al abordar la ética de la práctica, los diseñadores pueden volver a imaginar el impacto de la disciplina y a quién sirve.
Se costumbra decir que los arquitectos y las arquitectas “matan un león al día”, dedicando la mayor parte de seu tiempo al bregar diario, o a lo que en un estudio de arquitectura solemos llamar “trabajo puramente operativo”. En la academia, por el contrario, los arquitectos y las arquitectas en formación passam sus días aprendiendo a ser más sensibles con el paisaje y el espacio construido, a desarrollar su creatividad y, de este modo, proponer soluciones creativas que busquen dar respuesta a las principales “interrogantes” de nuestro tiempo. Frente a este escenario, resulta evidente que existe un enorme abismo entre la enseñanza de la prácticade la arquitectura y la práctica de la arquitectura propiamente dicha. Mientras que, en las aulas, nuestros futuros y nuestras futuras profesionales pasan la mayor parte de su formación ejercitando su creatividad y desarrollando proyectos ideales en contextos igualmente idealizados, la vida allá afuera es muy diferente.
La mayor parte del trabajo en la arquitectura es arduo y esto suele resultar en situaciones de injusticia. Durante la etapa académica, las soluciones a los problemas de la arquitectura y las ciudades se encuentran dentro del campo de la reflexión y la creatividad. Ese es el único momento en la vida de los profesionales donde sucede esto y, en muchos sentidos, esto no forma adecuadamente al estudiante de arquitectura para el mundo real, que es un mundo de trabajo pesado. En realidad, los arquitectos no son héroes
En el centro de Greenport, Nueva York, los parklets de SHoP protegen a los clientes de la calle utilizando un modelo escalable que puede replicarse en otros lugares. Imagen cortesía de SHoP Architects
Cuando los grandes cambios sociales se aceleran y surge el descontento ante los procesos de toma de decisiones, la sociedad civil impulsa movimientos de abajo hacia arriba, activismo y experimentación audaz frente a la inercia de las políticas y la gobernanza. Ante tales ejemplos de activismo social, ¿tienen los/las arquitectos/as sus propios medios para fijar una postura? ¿Cuentan con la capacidad de desafiar las estructuras del statu quo?
La inercia de la política y la gobernanza en una época en la que los grandes cambios sociales se producen a un ritmo cada vez más rápido, sin mencionar la insatisfacción con el proceso de decisión deja espacio para acciones de abajo hacia arriba, activismo y esfuerzos audaces. A la luz de tantos ejemplos de activismo social, ¿tienen los arquitectos las herramientas para hacer su propio stand? ¿Tiene la arquitectura el poder de alterar el status quo?
El trabajo da lugar al diseño. Como el agregado del esfuerzo físico y mental utilizado en la creación de bienes y servicios, el trabajo está vinculado tanto a lo que creamos como a nuestro proceso. En un campo conformado por la producción, la arquitectura y el diseño dependen del trabajo de una amplia gama de profesionales. Pero a medida que los trabajadores dedican cada vez más horas y las medidas tradicionales de cambio de seguridad, han surgido cuestiones de prácticas laborales en medio de condiciones más amplias de la cultura laboral contemporánea.