
Antes de que un edificio pueda habitarse, deben ocurrir muchas otras cosas. El agua tiene que llegar, la energía debe generarse, los alimentos tienen que cultivarse o transportarse y los residuos deben ir a alguna parte. Por lo general, estos procesos se tratan como algo ajeno a la arquitectura, a pesar de que configuran las condiciones más básicas de la vida cotidiana.
De ahí que la idea de las comunidades autosuficientes sea más compleja de lo que parece a primera vista. Puede sugerir un lugar que provee una mayor parte de lo que necesita: energía, agua, alimentos, refugio y gestión de residuos. No obstante, en muchos contextos latinoamericanos, la autonomía no implica una separación absoluta del mundo. Se trata, más bien, de una forma de acercar los sistemas de la vida cotidiana a las personas que los utilizan, mantienen y cuidan.






















