
En América Latina, los encuentros no nacen necesariamente de grandes gestos arquitectónicos o de planes urbanos monumentales. Emergen del entre, del espacio intermedio: el patio, la galería, la acera, el corredor compartido. Estos espacios, muchas veces considerados residuales o informales por la disciplina tradicional, son precisamente aquellos donde lo cotidiano construye vínculos.
De esta cultura latinoamericana surge una lógica espacial en la que la vida cotidiana se organiza de manera relacional y extensiva. Prácticas como sentarse a la puerta de casa, ocupar la acera o jugar en la calle producen una ciudad vivida más allá de los límites formales del proyecto.






