
Seleccionar un material durante el proceso de diseño implica más que definir una apariencia. Su comportamiento ante la luz, el sonido, el tacto y el paso del tiempo puede transformar cómo se percibe y se utiliza un espacio. Asimismo, factores como la durabilidad, la resistencia, la reciclabilidad y el impacto ambiental asociado a su producción introducen nuevas variables en la toma de decisiones arquitectónicas. Para Stephanie Forsythe y Todd MacAllen, quienes cofundaron el estudio de diseño y producción molo, con sede en Vancouver, estas consideraciones han propiciado una exploración del papel y de su potencial para configurar espacios flexibles y sensoriales.





















