
La arquitectura ha tratado al agua ya sea como un telón de fondo o como un problema: una vista por encuadrar, un peligro por drenar o un servicio público por conectar. En la India contemporánea, sin embargo, cobra forma una relación de mayor trascendencia. El agua sigue siendo un recurso ecológico compartido; no obstante, el suelo y la infraestructura que la rodean se financian y defienden cada vez más como activos económicos. Las líneas de costa se extienden para albergar el tráfico vehicular y las orillas de los lagos se convierten en lucrativas zonas de desarrollo urbano. La decisión de hacerlo pasa por múltiples instituciones con criterios y discursos diversos, lo que pone en entredicho quién determina cómo se utiliza el agua y su entorno, y quién asume las consecuencias.










