
En 1962, el arquitecto Buckminster Fuller imaginó una ciudad flotante que liberaría a la humanidad de la dependencia de la Tierra. El proyecto hipotético consistía en enormes esferas geodésicas aéreas que levitarían de manera natural gracias al aire calentado por el sol y que estarían ancladas en la cima de las montañas. Con el propósito de albergar a miles de personas, las Cloud Nine de Fuller buscaban mitigar las tensiones en torno a la propiedad de la tierra, aliviar la escasez de vivienda y contribuir a la preservación de la naturaleza.
Más de medio siglo después, seguimos lejos de concretar la idea de Fuller. Crear una estructura verdaderamente flotante sobre la superficie de la Tierra sigue siendo, hasta ahora, un ideal inalcanzable. Mientras los soportes sigan imponiéndose como una necesidad, manipulamos su posición, su intensidad y su cantidad, desarrollando acrobacias para, al menos, aproximarnos a la idea de vencer la gravedad, ese deseo que desde hace tanto tiempo fascina a la humanidad.














