
Este artículo es parte de "Thresholds", una edición impresa especial de Cobe Notes x ArchDaily.
San Francisco es una ciudad que siempre se ha reinventado bajo presión. Sus paisajes urbanos victorianos han sobrevivido a adecuaciones sísmicas y torres de vidrio, y sus barrios se definen tanto por el cambio como por su resistencia a este. Sin embargo, ninguna fuerza en la historia de la ciudad ha reconfigurado el entorno construido de manera tan completa, o tan rápida, como la economía tecnológica. Lo que comenzó en la expansión suburbana de la posguerra en Silicon Valley migró hacia el norte e inscribió su lógica en el horizonte urbano y en la vida de sus habitantes. El resultado de esta dinámica es una cultura arquitectónica de notable refinamiento técnico y paletas de materiales depuradas, la cual, sin embargo, permanece en gran medida indiferente a la población existente.
El costo de esta indiferencia es medible y va en aumento. San Francisco debe albergar más de 82,000 unidades de vivienda adicionales para 2031 bajo el marco de la Asignación Regional de Necesidades de Vivienda de California, en una urbe donde el alquiler promedio ya se encuentra entre los más altos de cualquier área metropolitana estadounidense. El personal docente, los y las profesionales de la salud y el personal de servicios sufren un desplazamiento activo por parte de un mercado inmobiliario calibrado para los niveles de ingresos de un solo sector, en lugar de responder a la fuerza laboral mayoritaria de la ciudad.




