Hace seis años, Susan Szenasy y yo tuvimos el honor de entrevistar al juez de la Corte Suprema Stephen Breyer para la revista Metropolis. Durante su etapa como juez federal de apelaciones en Boston, Breyer desempeñó un papel fundamental en liderar el diseño y la construcción del el Palacio de Justicia Federal John Joseph Moakley, diseñado por Pei Cobb Freed & Partners. En 2011, el juez Breyer se incorporó al jurado del Premio Pritzker. Dada su larga trayectoria vinculada a la arquitectura, pensé que sería interesante ponerme al día con él. Así, en el último día de sesiones antes del receso de verano, conversé con el juez Breyer sobre su experiencia como cliente de diseño, cómo crear buenos edificios gubernamentales y por qué la arquitectura pública es importante.
Una mesa larga puede ubicarse casi en cualquier lugar y seguir cumpliendo la misma función. Puede extenderse bajo el toldo de un mercado, recorrer el comedor de una escuela u ocupar el centro de una sala de estar compartida, y de inmediato cambia la temperatura de la habitación.
Por ello, la mesa larga es menos un objeto que un instrumento espacial. No garantiza una conexión y rara vez parece "inclusiva" por defecto. En cambio, establece condiciones: un borde compartido, un ritmo común de llegada, un campo de visibilidad mutua o una regla que convierte el comer en una escena con otras personas. Los estudios sobre la alimentación describen esta práctica como comensalidad —el acto de comer en conjunto y el orden social que esto puede crear, reforzar o cuestionar—. No obstante, lo que importa aquí no es una dimensión específica ni la función de la mesa, sino la forma en que una superficie larga alberga la diferencia, la conversación y el silencio; la intimidad y la distancia; la decisión de unirse y el derecho a vacilar.
Los faros se han erigido durante siglos en los márgenes de continentes e islas como puntos de luz en vastos territorios marítimos. Surgiendo en soledad de acantilados rocosos, arrecifes y promontorios, estas torres fueron herramientas de navegación e instrumentos de claridad espacial, modelando las costas y marcando el límite entre la tierra y el mar. Construidos para guiar, advertir y localizar, constituyeron una red global de visibilidad mucho antes del advenimiento de la cartografía digital. Sin embargo, a medida que evolucionaron las tecnologías marítimas, muchas de estas estructuras perdieron su propósito original. La tipología, en su momento esencial, se encuentra hoy al borde de la obsolescencia. Lo que queda no es una mera reliquia arquitectónica, sino una potente forma espacial: resiliente, simbólica y cada vez más abierta a la reinterpretación.
El movimiento moderno de mediados de siglo representó más que un cambio estético o material en los Estados Unidos, ya que fue una respuesta a un mundo en rápida transformación. Surgiendo después de la Segunda Guerra Mundial, esta revolución arquitectónica rechazó los estilos ornamentados y tradicionales del pasado en favor de líneas limpias, diseño funcional e incorporación de materiales llamativos como el acero, el vidrio y el concreto. El movimiento moderno significó una ruptura con la tradición, enfocándose en cambio en la simplicidad, la eficiencia y una visión para el futuro. Reflejó el optimismo de una nación que se reconstruía, donde la tecnología y la innovación moldeaban todo, desde paisajes urbanos hasta hogares suburbanos.
Dado que los arquitectos de la modernidad buscaban la pureza de la forma, es lógico que la imagen de esta arquitectura se represente casi inevitablemente en blanco, según la imaginación colectiva. Liberada de decoraciones superfluas, la arquitectura moderna se asoció con el uso predominante de superficies blancas para resaltar la composición volumétrica. Combinada con el concepto de "verdad material", articulado por el crítico victoriano John Ruskin, la arquitectura de color blanco se entiende a menudo como directa, clara y sincera.
Los museos desempeñan un papel fundamental en la preservación de las culturas locales, la promoción de una mejor comprensión de nuestro patrimonio colectivo y el fomento del diálogo, la curiosidad y la autorreflexión. En los últimos años —y en gran medida impulsados por la pandemia de Covid-19—, los avances tecnológicos han permitido a personas de todo el mundo visitar exposiciones de manera virtual, en cualquier momento y desde la comodidad de sus hogares. Sin embargo, si bien los recorridos en línea son una excelente manera de incrementar la accesibilidad, la experiencia presencial en los museos posee una cualidad insustituible: la capacidad de presenciar, acoger y admirar de cerca artefactos, pinturas y esculturas en su forma real, así como la oportunidad de experimentar la atmósfera y la esencia únicas de un entorno museístico tradicional. Observar la Mona Lisa de forma virtual, por ejemplo, nunca se comparará con apreciarla cara a cara en el Louvre.
Los movimientos artísticos históricos y sus características visuales han allanado considerablemente el camino para la arquitectura contemporánea. Durante años, los/las arquitectos/as han adoptado técnicas y enfoques estilísticos para crear sus propias composiciones, fusionando ambas disciplinas. El cubismo, uno de los estilos más influyentes del siglo XX —y muy criticado en su momento por experimentar con un enfoque no representativo—, es quizás la fuente de inspiración arquitectónica más trascendental. Del mismo modo en que este radical movimiento artístico rechazó la arraigada idea de que el arte debía imitar a la naturaleza, los/las arquitectos/as siguieron su ejemplo y diseñaron estructuras que adoptaron los rasgos vanguardistas del cubismo, creando edificios que, hasta el día de hoy, se erigen como hitos icónicos de la disciplina.
Etimológicamente, la palabra balcón viene del italiano balcone: “plataforma saliente de un cuarto superior en la fachada de un edificio, rodeada de una barandilla”, y la palabra italiana balcone viene del germánico (longobardo) balko, que significa viga. Y así es como se los conoce, como pequeños recintos que cuelgan de las fachadas de los edificios, pero la realidad es que su significado, su simbolismo y su importancia para el desarrollo de nuestras vidas van mucho más lejos.
Mañana, 25 de junio de 2022 se cumplirán 170 años desde el nacimiento de Antoni Gaudí, el máximo representante del modernismo catalán, y lo celebramos compartiendo la historia de su vida y recordando su obra.
"Si la industria del cemento fuera un país, sería el tercer mayor emisor de dióxido de carbono del mundo, con cerca de 2.800 millones de toneladas, siendo solo superado por China y Estados Unidos". Esta declaración llama la atención dentro del reportaje de Lucy Rodgers para la BBC sobre la huella ecológica del hormigón. Con más de 4 mil millones de toneladas producidas cada año, el cemento representa alrededor del 8% de las emisiones globales de CO2 y es un elemento clave en la producción del hormigón, el producto más fabricado en el mundo. Para hacerse una idea, se produce aproximadamente media tonelada de cemento por persona en el mundo cada año, suficiente para construir 11.000 edificios similares al Empire State. Con estas impresionantes cifras, ¿existe alguna forma de reducir este impacto?
Muchos encuadran la obra de Alvar Aalto en el concepto de Gesamtkunstwerk (una obra de arte total), donde la arquitectura, el diseño y el arte se fusionan completamente. La obra del arquitecto finlandés es pionera en la denominada vertiente orgánica de la arquitectura moderna de principios del siglo XX, que influyó fuertemente en lo que hoy conocemos como arquitectura escandinava. Según su descripción en el sitio web del MoMA: "su trabajo refleja un profundo deseo de humanizar la arquitectura a través de un manejo poco ortodoxo de las formas y los materiales, más bien racional e intuitivo". Sus soluciones para llevar luz natural a los edificios son exaltadas y estudiadas repetidamente hasta la actualidad. Sin embargo, a lo largo de su carrera, un material que siempre ha estado presente es la madera. Desde estructuras hasta techos y banquetas, Alvar Aalto le dio protagonismo a este material natural.
Utilizado masivamente desde la era romana en edificios de las más diversas escalas, es casi imposible pensar en un edificio que no tenga al menos un elemento de concreto. De hecho, es el material de construcción más utilizado en el mundo, debido a su versatilidad, resistencia, facilidad de manejo, valor accesible, estética, entre otros factores. Sin embargo, al mismo tiempo, su fabricación es uno de los principales contaminantes de la atmósfera, principalmente debido a que la industria del cemento emite alrededor del 8% de todas las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2).
Más allá de su producción intensiva, al ser un material tan rígido, pesado y compuesto de cemento, agua, piedra y arena, ¿es posible continuar usando el concreto de manera sostenible después de su demolición, eliminando sus desechos y la sobrecarga de los vertederos?
Peter Zumthor, en una de sus obras más emblemáticas, le da al hormigón una dimensión casi sagrada. Es la pequeña Capilla de Campo Bruder Klaus, una construcción robusta y sensible ubicada en un pueblo de Alemania. El cemento blanco, mezclado con piedras y arena de la región, aporta un tono terroso a la construcción. Las 24 capas de este concreto fueron vertidas, día tras día, por mano de obra local, y fueron comprimidas de una manera inusual. Su exterior plano y liso contrasta con su otro lado, hecho de troncos de madera inclinados, formando un vacío triangular. Para remover los encofrados internas, los troncos fueron quemados en un proceso controlado, reduciendo los registros a cenizas y creando un interior carbonizado, que varía entre negro y gris, con la textura de los negativos de los moldajes que alguna vez contuvieron hormigón líquido. El resultado es una obra maestra de la arquitectura, un espacio para la reflexión y la transformación, en el que el mismo material aparece en formas diametralmente opuestas.
En la comuna de Bazoches-sur-Guyonnes, a unos 40 kilómetros al suroeste de París, se encuentra una de las casas privadas más importantes diseñadas por Alvar Aalto: la Maison Louis Carré. El cliente, Louis Carré, era un destacado comerciante de arte francés con un gran interés por la arquitectura. Deseaba una casa que pudiera acomodar simultáneamente a una gran cantidad de huéspedes e invitados para visitas relacionadas al arte, pero que a la vez también incorporara un componente de carácter privado. En 1956 le encargó a Aalto el diseño de su casa, y tanto Louis Carré como su esposa Olga, pudieron mudarse a su nuevo hogar tres años más tarde.
El arquitecto finlandés Alvar Aalto fue pionero en el diseño y la arquitectura moderna a partir de formas orgánicas y materiales naturales. Cuando decidió dedicarse a la disciplina, debió viajar a Helsinki donde se encontraba el único lugar académico que ofrecía la carrera. Sus viajes no terminaron ahí, quedando evidencia en sus proyectos por el mundo. En esta ocasión, mapeamos 20 de sus obras construidas para que te animes a recorrerlas y experimentarlas en persona.
A medida que 2018 se acerca a su fin, Airbnb ha actualizado sus datos para revelar las ciudades y países más creativos del año. Basado en el porcentaje de anfitriones de las industrias creativas, la lista se basa en una encuesta anterior realizada por Airbnb que encontró que uno de cada 10 anfitriones de Airbnb y uno de cada tres anfitriones de Experience se identifican como miembros de la comunidad creativa.
Esta semana presentamos una selección de las mejores capillas publicadas anteriormente en nuestro sitio. Son un conjunto de proyectos que revelan diversas formas de diseñar un pequeño espacio sagrado. Para darte ideas de cómo crear atmósferas, integrar distintos materiales y hacer uso adecuado de la luz, presentamos 32 ejemplos notables.
La Escuela de Arquitectura de la Universidad de Yale se encontraba en medio de una revolución pedagógica cuando Louis Kahn se incorporó en 1947. Con el arquitecto de rascacielos George Howe como decano y figuras del modernismo como Kahn, Philip Johnson y Josef Albers como conferencistas, los años de la posguerra en Yale se alejaron de la tradición Beaux-Arts de la escuela para dirigirse hacia la vanguardia. Por ello, cuando en 1950 la consolidación de los departamentos de arte, arquitectura e historia del arte de la universidad exigió un nuevo edificio, una estructura modernista resultó la elección natural para materializar una ruptura pedagógica y estilística con el historicismo. [1] Concluido en 1953, el edificio de la Galería de Arte de la Universidad de Yale, de Louis Kahn, proporcionaría espacios flexibles para galerías, aulas y oficinas para la escuela; al mismo tiempo, el primer encargo significativo de Kahn marcó un hito en su propia carrera arquitectónica, una trayectoria que hoy se cuenta entre las más celebradas de la segunda mitad del siglo XX.