
Los elementos metálicos se han utilizado en la arquitectura y la construcción civil durante cientos de años, ya sea como elementos decorativos, revestimientos o incluso para reforzar estructuras de mampostería. Sin embargo, no fue sino hasta la segunda mitad del siglo XVIII cuando surgieron los primeros puentes cuyas estructuras estaban hechas completamente de hierro fundido. Un siglo más tarde, el hierro fue reemplazado por una aleación más resistente y maleable, utilizada hasta el día de hoy en la arquitectura: el acero.
A pesar de ser más denso que el concreto, la resistencia del acero desafía su peso y proporciona una mayor rigidez con menor cantidad de material, lo que permite lograr estructuras más ligeras y esbeltas que aquellas hechas de otros materiales, como la madera o el concreto. Aunque dista de ser el material más utilizado en la arquitectura residencial, su uso ha permitido construir interesantes —y bellos— ejemplos de casas contemporáneas:































