
Este artículo es parte de nuestra nueva sección de Opinión, un formato de ensayos argumentativos sobre las preguntas cruciales que definen nuestro campo profesional.
El proyecto moderno de sostenibilidad se basa en la promesa de que las tecnologías en constante evolución pueden conciliar el crecimiento urbano y económico con la responsabilidad ecológica. A juzgar por las métricas desarrolladas por las profesiones del entorno construido y las políticas adoptadas por los gobiernos, el progreso es tangible y se está acelerando: los edificios consumen menos energía por metro cuadrado que hace una generación, los vehículos emiten menos contaminantes por kilómetro y la infraestructura urbana está más integrada y es notablemente más limpia en muchas ciudades. A pesar de ello, el consumo total de recursos sigue aumentando. La sostenibilidad, tal como se practica hoy en día en las disciplinas del entorno construido, se ha convertido en una estrategia para optimizar el consumo en lugar de reducirlo. Hasta que el gremio no esté dispuesto a cuestionar la escala y la estructura de la demanda, en vez de limitarse a optimizar la eficiencia con la que esta se satisface, sus logros más celebrados seguirán quedándose cortos frente al problema que pretenden resolver.


















































































