Allí donde ya no se puede depender de forma constante de los ríos, los embalses y las lluvias, el agua se busca cada vez más en la atmósfera. La niebla, la humedad atmosférica y la condensación ofrecen diferentes formas de captación. Cuando la arquitectura empieza a recolectar agua del aire, las superficies, las estructuras y los espacios abiertos pasan a formar parte del sistema hídrico.
Según UNICEF, la Estrategia Nacional del Agua de Jordania estima que cada persona tiene acceso a solo unos 61 metros cúbicos de agua renovable al año, una cifra muy inferior a los 500 metros cúbicos que suelen considerarse el umbral de la escasez absoluta de agua. Alrededor de la mitad de la población recibe agua de red solo una vez a la semana, mientras que las aguas subterráneas se extraen a un ritmo superior al de la recarga natural de muchos acuíferos.
Vivos xPoint, EE. UU. Imagen de VigilanteScout, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons
Invirtiendo la narrativa convencional, esta historia comienza por el final. El día después del colapso del mundo. Mientras casi toda la población lucha por sobrevivir a las llamas y a las tormentas solares, una fracción de la sociedad es recibida por personal de seguridad fuertemente armado a la entrada del Survival Condo Project, un antiguo silo de misiles en Kansas convertido hace unos años en departamentos de lujo.
Atrás quedó la imagen de la persona ermitaña que acumula comida enlatada en su sótano o del profeta del fin de los tiempos. En los últimos años, el supervivencialismo se ha expandido hacia los círculos más ricos, echando raíces en Silicon Valley entre directivos/as de tecnología y gestores/as de fondos de cobertura. Lo que alguna vez pudo considerarse una mera excentricidad se ha convertido también en una forma de pensar el futuro y, para algunos/as, en una inversión.