
Este artículo fue publicado originalmente on Common Edge.
Las casas de subastas, las tiendas de muebles de segunda mano y los agentes inmobiliarios hacen pequeñas fortunas gracias a una nomenclatura que, a pesar de la imprecisión que rodea a su periodo indeterminado y a si todo lo fabricado durante esa época indefinida debería llevar la misma etiqueta, sigue acaparando la atención. Dentro de unos años, los coleccionistas serios de revistas de arquitectura tal vez busquen aquel número único de la revista Dwell del siglo XXI que no incluya un gran reportaje sobre una casa diseñada al estilo moderno de mediados de siglo (MCM) o la restauración de un edificio de esa época. El MCM es la sangre misma que corre por las arterias de la publicación, promoviendo la visión de vidas impecables y bien iluminadas, protagonizadas de manera casi invariable por parejas ectomorfas (a menudo sin hijos/as), felizmente dichosas bajo un techo plano con ventanales de piso a techo que ofrecen hermosas vistas de paisajes lejanos, las cuales se disfrutan mejor detrás de un vidrio aislante a una temperatura ambiente de 22 grados Celsius (72 grados Fahrenheit). Sin embargo, ¿qué debemos pensar de este término, de este período —que algunos incluso llaman un «movimiento»— tan conocido a nivel mundial que se le identifica solo por sus siglas?



