
Entre los diversos problemas del uso excesivo del automóvil en las grandes y medianas ciudades, sin duda la congestión vehicular y el tiempo perdido en el tránsito son los que reciben mayor atención de los medios y de la sociedad.
Quienes conducen suelen restar importancia a otros problemas, incluso gravísimos, como las muertes y tragedias viales, la contaminación del aire, el estresante ruido producido por los vehículos motorizados, la dispersión urbana —que hace a las ciudades disfuncionales, caras y distantes— o los problemas hidrológicos causados por el exceso de asfalto y concreto destinados a los automóviles. Por lo general, estas cuestiones se ignoran o se ven como fatalidades, mientras que el tránsito infernal es visualmente evidente, percibiéndose de inmediato como algo desagradable que exige soluciones urgentes.








