
El siguiente artículo propone el repensar la arquitectura de objeto a sujeto. Carlos Medellín y María Victoria Londoño profundizan en el tema, cuestionando los principios de Vitruvio y la adaptabilidad del objeto arquitectónico con respecto a sus diferentes usos mediante el ejemplo del Teatro Metro Riviera / Theatron en Bogotá.
Podemos reconocer fácilmente la manera en que la arquitectura puede dar forma o modificar comportamientos: abriendo espacios para acciones y fomentando interacciones. Parece obvio también cómo la arquitectura puede controlar y operar como un instrumento de poder. En otras palabras, nos hemos dado cuenta de que diseñar y construir es gobernar, es decir, organizar, dirigir y controlar. Un ejemplo paradigmático es el panóptico, un espacio enteramente diseñado para el control. Como una tipología penitenciaria que permite un campo de visión de 360 grados, está pensado para permitir que un guardia vea a todos los presos recluidos en una cárcel. El panóptico busca un efecto psicológico: sentirse observado día y noche. El efecto producido por el panóptico puede también encontrarse en la idea de una sociedad que en su totalidad, a través de sus instituciones, observa y controla a sus miembros. Es sorprendente, como ya lo señaló Foucault, que las cárceles, en su diseño, se parezcan a las fábricas, las escuelas, los cuarteles y hospitales.[1] Como disciplina, la arquitectura pareciera cada vez más dominante; un medio para disciplinar a los miembros de la sociedad en todas sus esferas.


















