
Después del estado de emergencia todo no volverá a ser igual. En ese momento se ocuparán habitualmente los espacios públicos y privados de una manera que evite la posibilidad de contagio de un virus todavía activo. Sin embargo, así como esta situación nos ha llevado a reconocer el deficiente sistema de salud que tenemos, también nos ha vuelto visible que en muchos casos resulta inadecuado ese espacio que habitamos.
En la arquitectura nos ocupamos precisamente del espacio y es por eso que desde diversos países se vienen organizando charlas y conversatorios en línea sobre la ciudad y la arquitectura después de esta crisis, que por otro lado afecta ya seriamente la economía en todos los niveles. El espacio de la arquitectura y de la ciudad debería entonces ser diferente, no solo en función de unos protocolos de socialización temporales sino porque la situación actual nos ha hecho reflexionar sobre la necesidad de mejorar la calidad permanente del espacio.
En países como el nuestro en el que se construye muy frecuentemente de manera informal y los profesionales de la construcción no llegan a los niveles bajos e intermedios este tema se presenta verdaderamente preocupante. En estas líneas no queremos ocuparnos sin embargo de la llamada ciudad informal sino del diseño urbano y la arquitectura formal o legal, al menos en apariencia, la cual en muchos países con cierta estabilidad se suele gestionar desde los emprendimientos inmobiliarios privados o desde los proyectos habitacionales de tipo social junto con equipamientos públicos promovidos por el estado, estos últimos casi inexistentes en el Perú a pesar de que son una necesidad desde hace muchísimo tiempo.







