
Han pasado treinta y dos años desde el terremoto de 1985, el evento catastrófico que más vidas se ha llevado en los últimos cien años de historia de la Ciudad de México. Aquel evento dejó más de 400 edificios destruidos, poco más de cien mil personas sin hogar y cerca de diez mil muertos según cifras oficiales. No hay duda en lo siguiente: el suelo de la CDMX es altamente propenso a sismos. El día 19 de septiembre de 2017, el suelo nuevamente ocasionó grandes daños, pero mucho menor al sismo del 85. En este caso, 38 edificios colapsaron sólo en la CDMX, sin considerar los daños de otras entidades del país. De los que se derrumbaron, el 97% se construyó antes del terremoto de 1985; es desencadenó la última revisión importante del código de construcción en la CDMX (1988). Un código, por cierto, que en papel es tan estricto como el código sísmico de California. ¿Qué nos demuestra esto?
Los eventos de 2017 ofrecen una oportunidad invaluable para una revisión en la normativa que procura reducir el riesgo de construir en una zona sísmica como la CDMX. Cinna Lomnitz, extraordinario sismólogo, entre otros expertos, ha venido advirtiendo del gran riesgo que existe en el suelo del valle de México ante los sismos. Explicó sus razones en un pequeño ensayo de título El próximo desastre sísmico de la Ciudad de México, en un ya lejano 2005.
