
Desde que el ser humano comenzó a construir (hace unos 10,000 años), quienes buscaban asentamientos para fundar nuevas aldeas o viviendas mantenían una lista sencilla de criterios: acceso al agua, proximidad a tierras cultivables e, idealmente, un terreno lo más plano posible. En cambio, los proyectos de desarrollo modernos priorizan la industria y las conexiones de transporte por encima del agua y las tierras de cultivo; no obstante, un terreno nivelado sigue siendo la opción preferida.
Ya sea que se realice un corte y relleno en el paisaje mediante la excavación de un muro de contención, o que se equilibre la estructura sobre la ladera mediante pilotes de soporte, construir en terrenos inclinados siempre añade tiempo, costos y complejidad al proyecto. Sin embargo, gracias a las amplias vistas y al espacio adicional tanto en el interior como en el exterior, los resultados pueden hacer que el esfuerzo adicional valga la pena.










