
Mucho se habla sobre los peligros que la humanidad en su conjunto enfrentará ante los efectos de la crisis climática. Inundaciones más intensas, sequías prolongadas, veranos más calurosos e inviernos gélidos son algunas de las consecuencias inmediatas que ya podemos sentir.
La causa de tales catástrofes locales es un problema global e histórico: la emisión creciente y sistemática de gases de efecto invernadero (GEI) por actividades antrópicas desde la Revolución Industrial. Estos gases intensifican el efecto invernadero de nuestra atmósfera, un fenómeno natural que garantiza la existencia de vida en el planeta. El efecto invernadero acentuado desequilibra los ciclos naturales, poniendo en riesgo ya no solo nuestro futuro, sino también nuestro presente.






