
La racionalidad de las formas ortogonales domina la arquitectura, a pesar de los grandes gestos que, a lo largo de la historia, han buscado contraponerse. En la producción a gran escala, los ángulos rectos, la repetición y la modularidad del bloque o de la retícula de pilares favorecen la rapidez y la eficiencia de la construcción, aun cuando reproduzcan las mismas soluciones espaciales. A diferencia de la escala del edificio, la arquitectura de interiores logra proponer alternativas para romper con esta racionalidad, ya sea mediante elementos divisorios o a través de objetos decorativos.
En términos generales, la arquitectura de interiores busca transformar el espacio interno sin interferir en la estructura del edificio, recurriendo al mobiliario, la iluminación, la diversidad de materiales, el diseño de carpintería y herrería a medida, la pintura, las texturas, la vegetación y muchas otras herramientas que, al combinarse, dan vida a un nuevo ambiente. Partiendo del lienzo en blanco que representa el entorno construido, a menudo el diseño recurre a elementos orgánicos para romper la lógica del espacio y crear un punto focal, o bien para delimitar áreas específicas.




















