
Durante la Revolución Industrial y sus consecuentes avances tecnológicos, como el uso del acero en la construcción y la evolución de las mezclas con agregados, Joseph Monier fabricó depósitos y tuberías con armaduras de acero rellenas de concreto en 1849. Esta fue considerada la primera experiencia en concreto armado en la construcción civil. Desde entonces, esta tecnología evolucionaría hacia lo que conocemos hoy: uno de los sistemas estructurales más utilizados en el mundo, considerado durante mucho tiempo sinónimo de progreso y gran responsable de la transformación de los paisajes urbanos. Pero, en definitiva, ¿qué es y cómo funciona el concreto armado?
El concreto armado es un sistema estructural compuesto por una masa de concreto —en la que se mezclan cemento, agua y agregados finos y gruesos— combinada con piezas de acero, uniendo así sus características para obtener resistencia estructural. Los agregados finos son en gran parte arena, mientras que los gruesos pueden ser gravas de diferentes tamaños, cantos rodados o incluso otros tipos de piedras y rocas. A partir de un encofrado, el esqueleto de acero se envuelve en concreto, creando los más variados volúmenes. Su maleabilidad y resistencia fueron los grandes factores diferenciadores para transformar al concreto armado en el principal sistema estructural del siglo XX.










