
El término "alto rendimiento" puede evocar diferentes imágenes: desde un/a estudiante sobresaliente o un/a violinista virtuoso/a hasta un/a empleado/a comprometido/a. Por muy diversas que sean, estas personas de "alto rendimiento" comparten atributos comunes. Destacando sobre el promedio, superan las expectativas y aportan un valor añadido gracias a su desempeño. Ofrecen los mejores resultados posibles dentro de sus limitaciones, garantizando la calidad en todo momento. Lo más importante es que mantienen la consistencia en sus resultados y aprovechan su excelencia para influir de manera positiva en sus propias vidas y en las de quienes les rodean.
Estos mismos atributos caracterizan a los edificios de alto rendimiento (HPB, por sus siglas en inglés), los cuales se diseñan mediante un enfoque integrado centrado en diversos parámetros para alcanzar la excelencia espacial y constructiva. El diseño de alto rendimiento es un enfoque holístico basado en el desempeño que busca la excelencia en el diseño. Se centra en cuantificar su valor y en mejorarlo continuamente en todos los frentes. Esto aporta múltiples beneficios para el medio ambiente, la economía y la salud de las personas que los habitan, ayudando a crear entornos construidos asequibles, saludables y sostenibles para las comunidades.
En este artículo, presentamos los tres beneficios principales de diseñar edificios de alto rendimiento y compartimos estrategias clave para integrar este enfoque en los flujos de trabajo actuales.
