
El fin del monopolio del caucho, la crisis económica de los años veinte del siglo pasado, el crecimiento demográfico debido a la corriente migratoria de la población ribereña y nordestina hacia Manaus, y la escasez de recursos contribuyeron a la crisis de falta de vivienda en Manaus.
En este escenario adverso, en 1920, João Aprígio, originario de Paraíba, con esposa e hijos que mantener, atravesaba enormes dificultades. Lo que ganaba apenas alcanzaba para alimentar a su familia. Sin vivienda propia, Aprígio juntó dos troncos de açacu de un igapó y los remolcó, en la popa de su canoa, hasta la ribera de Educandos, lugar que consideró el más apropiado para construir su hogar. Durante veinte días y veinte noches trabajó de forma incansable, hasta edificar la que sería la primera casa flotante de Manaus.






