
Ampliamente reconocido como el responsable del 8% de las emisiones globales de CO2, el concreto debería ser un material proscrito, relegado a los anales de la vergüenza de la historia de la arquitectura. Sin embargo, la rápida urbanización global garantizará que su inigualable simplicidad de producción y resistencia estructural mantengan el firme dominio de este material sobre la industria de la construcción.
"Si no puedes vencerlo, mejóralo" es el mantra de innovación de la industria, que actualmente desarrolla diversas alternativas al concreto, a sus componentes o a sus aditivos. De este modo, con un concreto que se perfila para entrar en la lista verde ambiental, la revolución de este material —utilizado como fachada estética exterior, decoración y equipamiento interior, o incluso en mobiliario e iluminación, además de como estructura portante— tiene el camino libre para continuar.












