
Tras décadas de constantes crisis socioculturales y económicas a nivel mundial, la comunidad del diseño se ha dado cuenta de que es hora de “diseñar como si les importara”. A partir de esto, se sumaron a un movimiento en el que profesionales de la arquitectura y el diseño utilizan sus habilidades para desarrollar soluciones basadas en el diseño ante crisis humanitarias; propuestas que van desde la construcción de viviendas modulares y el mapeo de territorios, hasta el desarrollo de aplicaciones móviles y documentales, todo desde una perspectiva altruista. No obstante, dado que el trabajo pro bono aún no está arraigado en el ethos de la disciplina, ¿cómo han logrado salir del modelo tradicional de la arquitectura “corporativa” y establecer una vía para garantizar la responsabilidad ética ante el bienestar humano?
Uno de los mayores desafíos humanitarios que enfrenta el mundo actual es proporcionar un refugio permanente para toda la humanidad. Para las personas refugiadas, ser desalojadas de sus hogares genera de inmediato la preocupación de encontrar un espacio seguro y de soporte para descansar, comer y dormir. Desafortunadamente, muchas terminan durmiendo en tiendas de campaña, estacionamientos, edificios abandonados o, con suerte, en el suelo de la vivienda de algún familiar, donde, aun así, siguen estando desprotegidas. En 2016, se produjeron enfrentamientos entre la policía y personas migrantes en la ciudad francesa de Calais después de que las autoridades desmantelaran partes del campamento de refugiados conocido como “la Jungla”, demoliendo las viviendas de 200 personas que vivían allí y dejándolas desplazadas una vez más, pero esta vez por el gobierno de acogida. Por otro lado, quienes no han perdido su hogar a causa de la guerra se encuentran en situación de desplazamiento y sin un refugio permanente debido a esquemas de vivienda con precios excesivos y condiciones de vida injustas.








