
El futuro de la planificación urbana podría estar en la segunda ciudad más grande de Brasil: Río de Janeiro. Sin embargo, no se encuentra a lo largo de la brillante costanera de Ipanema, soslayada por albergar algunas de las propiedades más caras de América Latina. Tampoco está en el Centro, remodelado para los Juegos Olímpicos de 2016 y hoy foco de un gran plan de revitalización urbana. Para vislumbrar el futuro de las ciudades, hay que pasar por la Laguna Rodrigo de Freitas hasta llegar al barrio de Jardim Botânico y luego mirar hacia los cerros, donde el inmenso barrio de Rocinha se aferra peligrosamente a las laderas.
El ritmo de la urbanización en todo el mundo se ha acelerado drásticamente en los últimos años. En todo el planeta, el equivalente a una nueva Londres se construye cada siete semanas. Este crecimiento explosivo consiste principalmente en “barrios informales”. En Brasil, se les conoce como favelas. Rocinha es la mayor de las muchas favelas que salpican el accidentado relieve de Río de Janeiro, con entre 100.000 y 200.000 habitantes, según la estimación en la que se confíe.




