
No cabe duda de que la construcción del Pabellón de Barcelona, de Mies van der Rohe, fue diseñada con el fin de reafirmar el movimiento moderno. Este "ícono" del movimiento, presente en el imaginario arquitectónico, fue construido para ser efímero. Al finalizar la Exposición Internacional el pabellón fue desmontado; sin embargo, fue reconstruido 54 años después, lo que desató un debate en el campo de la arquitectura en torno a la veracidad de dicha réplica.
Una de las respuestas a esta reconstrucción —o más bien, falsificación— fue la construcción, en ese mismo año, de la Casa Palestra por parte de la oficina OMA. Al participar en la 17ª Trienal de Milán, OMA construyó la Casa Palestra como una réplica más del Pabellón de Mies. Una copia distorsionada y disfuncional que, como un exitoso gesto posmoderno, ponía en jaque y generaba tensiones con el movimiento que lo antecedía. El presente texto propone una breve discusión sobre ambas obras y sus influencias en el debate entre modernismo y posmodernismo.







