
La ciudad de Brasilia, inaugurada en abril de 1960, tal vez sea uno de los mayores hitos de cómo la arquitectura, el urbanismo y la política nacional se entrelazan. Como resultado del programa de gobierno de Juscelino Kubitschek, que prometía avanzar 50 años en 5, la ciudad es una evidencia del modernismo que revela algunas de las estrategias políticas de la época, tales como la inversión en la industria automotriz y el desarrollo de la red vial. Aunque Brasilia sea un hito para la arquitectura mundial, su existencia deriva de estrategias políticas y económicas adoptadas por el gobierno a finales de la década de 1950. Con las elecciones de 2022 cerca de definirse, resulta importante, como gremio, comprender cómo nuestra profesión se ve impactada por la presidencia y qué podemos exigir al poder ejecutivo.
Hace 60 años, el discurso de JK consistía en promover el progreso a partir de la construcción de una ciudad en el interior de Brasil con conceptos modernistas, apostando por la industria automotriz y el desarrollo de la red vial. Brasilia surgió como resultado de ello, al igual que todas las ciudades satélite que componen su periferia y la red de carreteras que atraviesa el territorio brasileño. En un momento de fragmentación y polarización como el que vivimos hoy, es necesario recordar las experiencias exitosas y fallidas del pasado y mirar hacia el futuro para entender cuál de las propuestas presentadas por las candidaturas se alinea mejor con la visión que se considera ideal para el país, sobre la base de conceptos, experiencias e ideales.






