
El riesgo aviar —y nos referimos al peligro que corren las aves, no a una amenaza hitchcockiana para las personas— es una preocupación creciente para profesionales de la arquitectura y el desarrollo inmobiliario. Quizás no se haya reflexionado mucho al respecto, pero al construir un edificio alto de vidrio, tarde o temprano un ave desprevenida chocará contra él. Y luego otra, y otra más, a menudo con consecuencias fatales.
De hecho, miles de millones de aves chocan contra los edificios cada año, especialmente durante las épocas de migración. Ante nuestro insaciable apetito por levantar estructuras de vidrio cada vez más numerosas y altas, esta cifra no hará más que aumentar. Para hacer frente a esta mortandad, cada vez más ciudades —entre ellas, como es de esperar, Nueva York— han aprobado o están aprobando normativas que exigen a arquitectos/as y desarrolladores/as la instalación de vidrios seguros para las aves.

