
Al amanecer y al atardecer, el sol bajo irrumpe en los espacios interiores para inundarlos de una alegría que ninguna luminaria de techo o de pared puede igualar. Sin embargo, esos momentos son efímeros y difíciles de capturar en medio de una agenda apretada.
En cambio, los interiores con superficies metálicas brillantes y con carácter, como el latón, pueden capturar y reflejar la luz, tanto natural como artificial, para recrear esa misma calidez dorada a cualquier hora del día o de la noche. Más carismático que el cromo pero menos ostentoso que el oro, la textura cepillada o envejecida del latón se convierte en el acento perfecto para espacios interiores que buscan una cualidad atemporal.











