
Cuando hablamos de remodelar —y quizás esto ya no sea una sorpresa para nadie—, lo primero que nos dicen es que la obra “costará el doble de lo previsto y tardará el doble de lo que nos gustaría”. Una remodelación, independientemente de su escala o naturaleza, suele doler tanto en la cabeza como en el bolsillo, sobre todo cuando el polvo comienza a levantarse. Aun así, a pesar de conocer todos los desafíos, muchas veces resulta imposible evitar esa tan temida y esperada remodelación.
Sin embargo, no toda remodelación tiene que llevarnos a la quiebra o a la locura, y buscar soluciones más económicas no siempre significa renunciar a la calidad. Desde gestionar la propia obra hasta poner manos a la obra o restaurar los muebles que ya tiene en casa, aquí le presentamos algunos consejos para no exceder el presupuesto en su próximo proyecto de remodelación.










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