
En la reimpresión de esta semana de la revista Metropolis Magazine, Madeline Burke-Vigeland, FAIA, LEED AP, directora en Gensler, y el doctor Benjamin A. Miko, MD, profesor asistente de Medicina en el Centro Médico de la Universidad de Columbia, exploran cómo la aplicación de estándares uniformes en el entorno construido puede proteger a nuestras comunidades del COVID-19 y de futuras pandemias.
Desde el inicio de la pandemia, los/las profesionales de la arquitectura, el diseño y la ingeniería han aportado su experiencia a los esfuerzos para hacer frente a esta crisis sanitaria en curso. Junto con los avances biomédicos —como las plataformas de pruebas rápidas, las nuevas terapias y los programas de vacunación—, las intervenciones de diseño ayudarán a reconstruir la confianza entre las personas y el espacio físico a medida que la población comience a reconectarse con sus comunidades. Sin embargo, a pesar de la esperanza de volver a una normalidad pospandémica, es evidente que vivimos en una era caracterizada por las enfermedades infecciosas emergentes. Durante los últimos veinte años, nos hemos enfrentado a amenazas de pandemia casi constantes: el virus del Nilo Occidental, el nuevo virus de la influenza H1N1, el SARS, el MERS, el ébola y el virus del Zika. Si a esto añadimos las amenazas latentes de la resistencia a los antibióticos y el bioterrorismo, resulta claro que las enfermedades transmisibles seguirán representando un riesgo sustancial en el futuro. ¿Qué significa esto para los lugares que habitamos?





