
La iluminación, ya sea natural o artificial, es uno de los elementos más importantes de la arquitectura, ya que impacta directamente en la percepción de los espacios en general. A partir de ella se comprende la relación entre dimensión, proporción y contrastes. A través de su acción podemos leer las texturas, definir volúmenes y enfatizar colores. Uno de los desafíos de la arquitectura es moldear espacios a partir de la luz y la sombra, por lo que a menudo resulta necesario llevar la iluminación más allá de lo natural, introduciendo y controlando otras fuentes de luz.
Al mismo tiempo, desde sus inicios la arquitectura se enfrenta al desafío de crear elementos para captar, reflejar, diluir y emitir luz, revelando así su materialidad y definiendo la atmósfera de un espacio. Más allá del dominio de la iluminación natural —considerado uno de los grandes triunfos de las grandes figuras de la arquitectura de la historia, ya sea en la arquitectura gótica o en la contemporaneidad con Álvaro Siza—, muchos proyectos plantean la necesidad de un adecuado manejo de la iluminación artificial para la valorización y el buen funcionamiento de los espacios.


























