En los últimos años, la inteligencia artificial (IA) ha suscitado profundos debates en el sector de la arquitectura; sin embargo, no parece haber un consenso claro sobre qué es exactamente ni por qué despierta emociones tan encontradas. Aunque existen expertos que dominan este campo mucho mejor que yo, cuento con una década de experiencia práctica aplicando IA y algoritmos en diversos proyectos. Hoy en día, uno de los mayores desafíos de nuestra industria radica en cómo lograr que estas nuevas herramientas aporten un valor práctico real.
Muchos/as profesionales me comentan que la IA no podrá reemplazar sus funciones, argumentando que la labor de los/las arquitectos/as va mucho más allá de distribuir plantas o calcular volúmenes edilicios. Y no les falta razón. No obstante, no hay motivo para no mantener una mente abierta ante la posibilidad de que la IA nos ayude a diseñar mejores edificios. En comparación con los procesos manuales, existen múltiples tareas que los algoritmos automatizados pueden resolver con mayor eficiencia, y viceversa. Por el contrario, si lo que buscamos son opiniones subjetivas o emociones, la IA difícilmente podrá ayudarnos o, de manera más precisa, nos resultará sumamente complejo proporcionarle las herramientas adecuadas para que realice un análisis subjetivo de nuestros diseños.
