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El estigma de la arquitectura rudimentaria, sumado a los ideales de la tecnología entendida como *high tech*, relega los saberes constructivos indígenas a un imaginario prehistórico. Este patrón, que apunta hacia una dirección inequívoca del progreso, revela la llamada colonialidad del saber, concepto del sociólogo peruano Aníbal Quijano que expone el lado oculto de la modernidad: la producción de jerarquías entre pueblos, lo que mantiene a América Latina, en especial a sus pueblos originarios, en una posición subalterna. En otras palabras, tendemos a pensar que el conocimiento que representa al futuro se produce en otras tierras, localizadas en el Norte Global.
Hoy en día, la arquitectura indígena sigue al margen de los debates y no suele aparecer como una solución actual, aun cuando la sustentabilidad es el principal pilar del futuro de la vivienda. El ideario de las construcciones sustentables a menudo se basa en el consumo de nuevas tecnologías que llegan a Brasil con altos costos, mientras que los saberes constructivos indígenas ofrecen opciones democráticas que responden a las necesidades contemporáneas y locales.

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