
En 1936, la Academia Brasileña de Prensa instituyó un concurso para el proyecto de su nueva sede en Río de Janeiro. Hebert Moses, presidente de la asociación, estaba, según Cláudio Pereira (2002), sintonizado con las corrientes vanguardistas internacionales, habiendo sido incluso intérprete de Frank Lloyd Wright con ocasión de sus conferencias en Río de Janeiro en 1931. Fue él quien seleccionó a los miembros del jurado, el cual estaba integrado por asociados de la A.B.I., arquitectos/as y miembros de organismos especializados.
La implantación del proyecto se llevó a cabo en un terreno cedido por el alcalde Pedro Ernesto en diciembre de 1935 (PEREIRA, 2002). El lote, ubicado en la esquina de las calles México y Araújo Porto Alegre, se encontraba en una de las manzanas afectadas por el desmantelamiento del Morro do Castelo y, por lo tanto, se situaba en pleno Plan Agache. En la región, a pesar de la derogación del Plan mediante el Decreto 4.923 del 30 de junio de 1934, se aprobaron proyectos de alineación de conformidad con las directrices previstas por el profesor francés en 1930 (REZENDE, 2005).
La propuesta de Jorge Machado Moreira y Ernani Vasconcelos, publicada en la *Revista Municipal de Engenharia* (figura 1), presenta una solución de fachada compuesta en su totalidad por parasoles, ya que, según los autores, la orientación del terreno era sumamente desfavorable para los principios de confort ambiental (MOREIRA; VASCONCELOS, 1936). De este modo, inspirados en los elementos “que Le Corbusier estudió y proyectó [...] en Argelia” (Ibídem, p. 261), se creó una malla reticulada en toda la extensión de los planos verticales de las fachadas. La circulación vertical se desplazó hacia el extremo de la edificación y se destacó plásticamente, sectorizando de manera inequívoca el programa de necesidades. La estructura fue concebida de forma independiente de los cerramientos, “dentro de los principios de la técnica constructiva moderna” (Ibídem, p. 263). Llama la atención el siguiente pasaje en el que los arquitectos afirman que “ya que se trata de un edificio que deberá formar un todo con las demás construcciones de la manzana, no se recomiendan soluciones que entren en desarmonía con el conjunto” (Ibídem, p. 261), demostrando la preocupación por una lectura integral de la manzana.





