
La envolvente de un edificio es lo primero que llama la atención: su rasgo definitorio, incluso antes de dar un paso adentro. Si bien su importancia es indiscutible, al diseñar una envolvente hay mucho más en juego que la sola estética. Existen aspectos y cualidades invisibles que hacen que el interior del edificio sea seguro y confortable, factores que los/las arquitectos/as equilibran constantemente con la apariencia visual del exterior.
Las envolventes de los edificios protegen de la intemperie, contribuyen al confort térmico y acústico, influyen en la seguridad contra incendios, y la elección de un sistema sobre otro conlleva implicaciones económicas, de sostenibilidad, constructibilidad y longevidad que deben considerarse. Asimismo, existen múltiples factores estéticos que una envolvente debe resolver: contexto, color, textura, confort visual e intención general del diseño, por nombrar solo algunos.














