
Al conmemorar sus 60 años, Brasilia tiene la oportunidad de inspirarse en los movimientos antirracistas y anticoloniales que, en todo el mundo, han cuestionado la monumentalidade de la historia oficial, para confrontar la memorialización del colonialismo en su propio paisaje urbano. En lugar de eventos conmemorativos que reiteran historias oficiales, celebrando a la ciudad como un hito *bandeirante* de la modernidad nacional, deberíamos hacer una pausa —impuesta además por la pandemia— para reflexionar sobre cómo ciertas memorias son eternizadas mientras otras son borradas y, a partir de allí, trazar nuevas cartografías de la memoria en el tejido urbano de la capital.
Las narrativas visuales comunicadas a través de archivos, del arte y de la arquitectura deben ser deconstruidas y resignificadas mediante un amplio debate con los más diversos sectores de la sociedad, principalmente aquellos cuyas memorias han sido ignoradas (y no monumentalizadas). En este sentido, no basta con promover “narrativas plurales” de los monumentos, ya que no se trata de una cuestión de diferentes perspectivas sobre la historia, sino de una reparación histórica.















