
“La casa es tanto un lugar (…) físico como um conjunto de sentimientos. (…) el hogar es una relación entre materialidad y reinos y procesos imaginativos, en la que la localización física y la materialidade y los sentimientos e ideas están unidos y se influyen mutuamente, en lugar de estar separados e ser distintos. (…) la casa es un proceso de creación y comprensión de formas de habitar y de pertenencia. La casa es vivida, así como imaginada. Lo que significa la casa y cómo se manifiesta materialmente es algo que se crea y se recrea de forma continua a través de las prácticas domésticas cotidianas, que están, a su vez, ligadas al imaginario espacial de la casa”.1 La frase antes mencionada constituye el punto de partida de la presente reflexión, en un ejercicio que marcará de forma significativa mi aproximación a la manera de proyectar casas.






