
Es difícil haber cursado la carrera de Arquitectura sin ver o incluso ayudar a construir una geodésica. Se trata de estructuras definidas a partir de una malla compuesta por una red de polígonos —generalmente triángulos de acero, madera o bambú— que, al tridimensionalizarse, conforman espacios. Gracias a la unión de las aristas (barras) y la tridimensionalización de la pieza, este modelo presenta resistencia y ligereza estructural debido a la distribución uniforme de su propio peso hacia el suelo. Desde el punto de vista técnico-estructural, esta cúpula es una estructura compuesta por una serie de barras similares que, a partir de triángulos, crean una superficie semiesférica. En su compleja composición, la resistencia y la ligereza se logran a partir de la distribución uniforme de los esfuerzos.
Estas estructuras fueron ampliamente difundidas gracias a los experimentos del arquitecto estadounidense Buckminster Fuller, a lo largo de más de 50 años de trayectoria profesional. Fue él quien acuñó el término Domo Geodésico a partir de la relación entre los diferentes componentes estructurales que componen este modelo, el cual destaca por su libertad espacial y rapidez constructiva. Tras diversos experimentos teóricos, gráficos y matemáticos, el arquitecto materializó en la segunda mitad de la década de 1960 la que sería su obra de mayor prestigio: la finalización del Pabellón estadounidense de la Exposición Mundial de 1967 en la Isla de Santa Elena, Canadá, un proyecto que nació a partir de su observación microscópica de la estructura de los virus y el comportamiento de los cristales en el cuerpo humano, traduciendo los fundamentos geométricos de la naturaleza a la arquitectura y dando origen a la popularmente conocida Biosfera.




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