
A lo largo de las distintas épocas, los proyectos paisajísticos han satisfecho una amplia gama de necesidades y deseos: desde el estatus de los jardines clásicos, marcados por la simetría y el arte topiario, hasta las plazas secas del período moderno, que respondían a las necesidades de los espacios cívicos. Sin embargo, si en un principio el paisajismo estaba íntimamente ligado al prestigio socioeconómico, a partir del siglo XX el panorama paisajístico mundial se transformó en favor de la racionalidad derivada de las transformaciones modernas.
Esta era de grandes transformaciones urbanas, políticas y sociales vislumbró el inicio de lo que sería la configuración del paisajismo contemporáneo, considerando nuevas demandas y el diseño de espacios libres acordes al flujo de la ciudad moderna.
En el ámbito de la arquitectura del paisaje brasileña, a partir de mediados de la década de 1950, el proyecto paisajístico comenzó a basarse en la comprensión de nuevos usos y, por ende, en la organización de los espacios libres —públicos y privados— en sintonía con una diversidad de actividades (paseo, permanencia, recreación, deportes, etc.).
