
Durante el proceso de concepción de una edificación, profesionales del diseño de diversas especialidades son convocados a proponer soluciones que garanticen el cumplimiento de los requisitos y expectativas de sus clientes.
Las decisiones de diseño, que hasta la década de 1980 a menudo no se fundamentaban en criterios objetivos, pasan gradualmente a tomarse de manera fundamentada, con miras a reducir eventuales errores de diseño o ejecución, el desperdicio de materiales y la ineficiencia en la prestación de servicios, así como por el reconocimiento sistémico de las buenas prácticas.
Sin embargo, en Brasil, las decisiones que involucran el desempeño de las edificaciones frecuentemente se limitan a la evaluación de la calidad de los sistemas involucrados y de los procesos constructivos de manera independiente y segmentada, sin tomar en cuenta su desempeño efectivo e integrado (Figura 1) ni la satisfacción de las expectativas de los usuarios y usuarias, y por consiguiente, en detrimento del resultado final.
