
Hoy en día, se estima que solo en Brasil se depositan 30 millones de toneladas de basura al año en rellenos sanitarios, y que solo en São Paulo se destinan 14 mil toneladas de residuos sólidos a estas áreas cada día. [1] No es de extrañar que los rellenos sanitarios ocupen enormes porciones de territorio que no paran de crecer, representando problemas críticos para casi todas las ciudades. Pero ¿qué se puede hacer cuando los rellenos ya no pueden recibir más residuos y son cerrados? ¿Es posible dar una nueva vida a estas montañas de basura? ¿Cuáles son las posibilidades y precauciones a tomar?
Diversas iniciativas han modificado paisajes anteriormente degradados, dando lugar al establecimiento de parques y plazas. En este proceso, resulta imprescindible la unión de las fuerzas profesionales y de la población, ya que se requieren extensas investigaciones en el territorio, tanto antes como después de la transformación.
De acuerdo con una investigación realizada en 2012 por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo (FAUUSP), “el proyecto de implantación de parques públicos en áreas que albergaban vertederos o rellenos controlados debe realizarse únicamente tras una investigación detallada de los riesgos de contaminación” [2], y añade que “el uso de antiguos rellenos para crear parques busca ofrecer a la población más áreas verdes y de recreación, especialmente en la periferia” [3]; sin embargo, el control del área se vuelve imprescindible y “la implantación también puede servir de laboratorio para identificar las especies vegetales más adecuadas para la cobertura del suelo” [4].
