
Hace diecisiete años el mundo era testigo de uno de los mayores y más trágicos eventos de la historia: el atentado del 11 de septiembre de 2001, que dejó aproximadamente 3 mil muertos y más de 6 mil heridos. Diversos atentados ya habían ocurrido y continúan sucediendo en diferentes ciudades del mundo. Al tratarse de eventos sorpresa y dispersos en el territorio, pero que generalmente ocurren en espacios públicos con multitudes, se han implementado diversas acciones para prevenirlos, lo que ha desafiado a potencias y organizaciones enfocadas en estrategias de seguridad.
En China, por ejemplo, ya hay más de 200 millones de cámaras de reconocimiento facial distribuidas por todo el país, a lo que se suman inversiones en tecnología avanzada para la vigilancia y el monitoreo del día a día de cada persona, conformando una enorme base de datos controlada por el gobierno. La tecnología es tan eficaz que permite incluso reconocer a quienes no están registrados en el sistema y, a través de simples imágenes captadas en segundos, logra determinar la edad, estatura y peso del peatón en cuestión.
