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Brasilia no necesita defensa. Su realidad se impone por encima de cualquier discurso. Como escribió Paulo Leminski, en su Catatau: Brasilia – alegría de los mapas.
En estos tiempos sombríos de nuestro país, se retoma la crítica sobre la inoportunidad, o el error, del traslado de la capital de Río de Janeiro a la meseta central. Un argumento conformista, con pretensión avant-garde, en el que se pretende establecer un paralelo entre el desmantelamiento de la ciudad de Río de Janeiro y el traslado de la capital.
El polvo de la memoria nos hace olvidar los enfrentamientos y revueltas tras el traslado de la capital de Bahía a Río, también considerado en su momento como un error. Junto con el desplazamiento hacia el nuevo y hermoso recinto de la bahía de Guanabara, llegó también el sistema esclavista y la naturalización de la violencia implícita en su organización. El paralelo es posible entre Río-Brasilia y Bahía-Río. La arquitectura o el nuevo recinto geográfico no significa un cambio en las formas de organización o gestión de una sociedad.
