
Las migraciones han sido un fenómeno constante en la historia de la humanidad y han desempeñado un papel fundamental en la formación y desarrollo de las ciudades. Aunque a priori parezca que no se trate de una aproximación muy novedosa, en la actualidad hay pocos temas más relevantes que el de las migraciones, atravesado por cuestiones políticas, geo-estratégicas, económicas, medioambientales, sociales, urbanísticas… Hoy en día nuevos factores estructurales las impulsan con mayor fuerza que nunca. La inestabilidad en Oriente Medio, en Africa y en América Latina, la guerra de Ucrania, el cambio climático, la pobreza y el crecimiento demográfico, no hacen más que aumentar el flujo de personas que buscan un lugar mejor en el mundo.
La socióloga Saskia Sassen añade una nueva forma de migración a la de los inmigrantes que huyen de la agitación política de su hogar y a los inmigrantes económicos que buscan mejor vida en un nuevo país. Se refiere a los “refugiados económicos”, personas que huyen de lo que denomina la «pérdida masiva de hábitat”, provocada por actividades económicas como el acaparamiento corporativo de tierras para el cultivo de cereales que alimenten la cantidad ingente de carne que consumimos en el planeta; o el resurgimiento de la minería para obtener los metales que necesitamos para nuestra revolución electrónica. Actividades que provocan la desertización, la contaminación de la tierra y el agua, las sequías, el incremento en los niveles del mar…Todos ellos factores que están destruyendo el hábitat de millones de personas que nunca podrán regresar a su hogar, porque su hogar ha dejado de ser habitable o ha desaparecido.
